Te doy un toque, lo respondes y te doy otro, solo tú y yo
sabemos por qué es. Al poco ya estamos hablando, te digo de quedar a las seis
menos cuarto y me dices loco. Me pregunto por qué y enseguida te lo planteo… al
instante me respondes y dices que eso es tarde, y quieres estar más tiempo
junto a mi porque cada instante vuela. Entonces te digo, pues quedamos antes,
me voy ya a la ducha para que me de tiempo a llegar y me voy corriendo. Bajo a
la calle y ansioso miro el tiempo del autobús, mierda, llego tarde, me subo
deprisa al metro… Un transbordo a la línea 10, hasta Fuencarral me llevan los
hierros por las dos vías de acero. Me bajo, subo a la calle y atravieso el
parque, miro a la izquierda y veo nuestro lugar, un simple banco, pero es tan
especial… sigo caminando y voy sacando el móvil, estoy a unos pocos metros voy
dándote el toque y me sitúo donde siempre, bajo la ventana del salón y espero impaciente. Al poco oigo tu sonora puerta cerrarse, veo como aparecen tus
zapatillas y al poco tú, colocándote el pelo. Enseguida aparece tu sonrisa y me
quedo embobado, pongo sonrisa de niño y sin darme cuenta, tus labios y los míos ya se han juntado.
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